Por qué SIRINGA
 
Revist@ Digit@l del IES Ciudad los Angeles 2010 / "UN AÑO CON NOMBRE PROPIO"  
 

       

Monografía de Febrero: Día Internacional de los Humedales.

--- El calendario ambiental recoge durante el mes de febrero un único día, concretamente el día 2, dedicado en exclusiva a los humedales. Formaciones especiales que en algunos casos han podido ser consideradas como poco espectaculares, pero que gracias a su importancia ambiental desempañan un papel importante para la fauna y la flora que en ellos viven, lo que hacen absolutamente necesaria su conservación. De hecho, podría decirse que en la concienciación internacional sobre la conservación de la naturaleza y de sus espacios naturales, los humedales fueron los primeros en ser protegidos, aunque no con la suficiente intensidad como para preservarlos definitivamente de su principal problema: el avance desmesurado de la colonización humana de estos terrenos.

--- En el CALENDARIO AMBIENTAL de 2008, escribíamos en Siringa

el 2 de febrero en el DÍA INTERNACIONAL DE LOS HUMEDALES

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DÍA INTERNACIONAL DE LOS HUMEDALES

¿Qué es un humedal?

    Un humedal “es una zona de la superficie terrestre caracterizada por tener normalmente una topografía plana capaz de inundarse de forma permanente o estacional”. Constituye uno de los ecosistemas acuáticos más peculiares a la vez que útiles para la gran parte de la biodiversidad que viven a expensas de sus aguas.

    El Convenio de Ransar, donde se agrupan la mayor parte de los humedales del globo, como veremos a continuación, los define, de la siguiente manera:

“una zona de la superficie terrestre que está temporal ó permanentemente inundada, siendo regulada por factores climáticos y en constante interrelación con los seres vivos que la habitan”. Es por tanto el agua el elemento fundamental de estos ecosistemas, la que define su estructura general y su función esencial.

Muy bien puede decirse que el concepto de utilidad práctica de los humedales es reciente. Hasta hace relativamente poco tiempo los humedales eran considerados como lugares insalubres, propensos a albergar y a desarrollar en su seno especies nocivas transmisoras de enfermedades y, por tanto, susceptibles de ser eliminados en cuanto la humanidad se fijara en ellos.

    Sin embargo afortunadamente ahora, muchos han adquirido, gracias a un cambio de pensamiento, una concepción diferente sobre cuál es su función en la naturaleza, consiguiéndose para ellos diversos niveles de protección bajo las figuras tradicionales de Parques, Reservas de la Biosfera y otras figuras legales de tipo proteccionista, tanto a nivel nacional como internacional.

 

¿Qué tipos de humedales podemos considerar?

    La amplitud dada al término humedal, permite clasificarlos genéticamente en: naturales y artificiales sin tener que precisar más en cuanto al significado de ambos términos; por su distribución geográfica, hay humedales continentales , de transición formados por aguas salobres e incluso saladas; y los hay también nítidamente marinos , entre los que se encuentran las zonas de marismas, manglares, y todas aquellas zonas marítimas donde la profundidad de la marea baja no exceda de seis metros.

En definitiva, dentro de este apartado se encuentran incluidas todas aquellas zonas casi con denominación de origen, como los bañados, las ciénagas, las marismas, las albuferas, zonas de turberas, los esteros, las zonas pantanosas y de manglares… . Algunas denominaciones debidas a nuestro idioma en Centro y Sudamérica.

Cuál es la importancia de los humedales?

    De la propia definición del humedal se deducen ya algunas consideraciones de importancia en su función ecológica y biológica. El hecho que el humedal pueda estar inundado temporalmente o no, sin perder su consideración como tal, impone unas condiciones extremas a los organismos adaptados a vivir en ellos que magnifican sus adaptaciones específicas en comparación con otros organismos adaptados a ecosistemas distintos o más uniformes en sus características.

    La importancia de los humedales reside en sus peculiares características. Si desde el punto de vista geológico suelen estar íntimamente relacionados con los acuíferos, ya que a veces es el nivel freático de esta estructura el que aparece en superficie par dar lugar al humedal, son los humedales llamados freatohumedales ; es evidente que estos, a veces, son los responsables también de la recarga de estas formaciones rocosas. En el caso español, casi el sesenta por ciento de los humedales están relacionados directamente con los acuíferos de la zona.

En otras ocasiones, los humedales no tienen relación genética con los acuíferos, son los humedales llamados epigénicos . Asociados a cuencas endorreicas con un sustrato impermeable que impide la infiltración del agua. Algunos humedales tienen permanentemente la correspondiente lámina de agua, aunque en ocasiones lo que mantienen es una humedad elevada, sin lámina hídrica aflorando. Son los criptohumedales.

Es desde el punto de vista ecológico donde alcanzan con toda seguridad el máximo interés. Y lo hacen porque la comunidad y las poblaciones que la integran, es peculiar en sus características individuales como en las relaciones que establecen. La mayoría de las veces, la fauna y la flora es endémica y, por ende, demasiado frágiles, lo que hace de los humedales lugares de especial conservación.

    Por otro lado, hay que considerar la importancia que desempeñan en la regulación de los ciclos hidrológicos regionales , mitigando las posibles inundaciones en los periodos de máximas precipitaciones como principal estructuras de filtración del agua y almacenándola en los periodos secos.

    Interviniendo también en los ciclos biogeoquímicos de los elementos que llegan a ellos, considerándose por un lado como un sumidero importante de dióxido de carbono a través de los sistemas de producción fotosintéticos instalados en él; aunque en este sentido son muy sensibles a los posibles contaminantes físico-químicos que pudieran verterse.

    Tienen importancia por la labor que desempeñan en la regulación del clima local, aportando humedad a la atmósfera y contribuyendo al mantenimiento del régimen de precipitaciones en la zona. Lo mismo que como reserva de agua dulce para uso urbano, agrícola y ganadero.

    No pueden olvidarse la importancia de los humedales desde la visión económica . Tradicionalmente, se han venido utilizando para explotar sus propios recursos naturales , caso de la pesca. En ocasiones, el uso insostenible de este recurso ha dado al traste con esta función, acabando por esquilmar sus reservas por una mala planificación. En la actualidad, se ha invertido la consideración y se vuelve a pensar en ellos como lugares ideales para una nueva fuente de recursos, la acuicultura . Ni tampoco podemos olvidarnos de su importancia como recurso científico, cultural y recreativo.

De la comprensión de los fenómenos naturales que se producen en los humedales; sobre todo en lo referente a los procesos de auto depuración que ejercen los microorganismos que viven en el agua, descomponiendo las moléculas orgánicas y llegando incluso a la mineralización de aquellas y, la capacidad para fijar los componentes inorgánicos, aquellos para los que los organismos carecen de estrategias metabólicas de eliminación, a los sedimentos del humedal, inactivándolos de una manera práctica; se derivan técnicas de depuración de aguas residuales mediante la creación de humedales artificiales con resultados ideales, sobre todo, por el escaso gasto energético y la eficacia que suponen, en un momento controvertido por el exceso de combustión de combustibles fósiles a escala planetaria.

       

¿De dónde viene la amenaza para los humedales?

    Las amenazas tradicionales venían de considerar los humedales como espacios inútiles para cualquier uso. Por ello, el drenaje estaba prácticamente asegurado en la mayoría de los casos, y con ellos la pérdida del área encharcada.

    En ocasiones eran los cambios en el régimen hídrico de los acuíferos ligados a ellos debido a las actividades extractivas del agua subterránea por encima de los valores precisos de la recarga natural para su mantenimiento la que ocasionaba la sequía del humedal. Un caso paradigmático se encuentra en las famosas Tablas de Daimiel, Reserva de la Biosfera , que ha visto reducida su superficie por la explotación sistemática del acuífero de la Mancha Oriental.

    La necesidad imperiosa en muchos lugares de tierras para el cultivo y la ganadería hacían que la expansión humana en el empleo de la tierra se hiciera a partir de ellos.

    A veces la pérdida del valor ecológico está ligada al mal uso del humedal. Unas veces por la variación de la calidad del agua mediante la introducción de sustancias contaminantes que modifican los parámetros de composición; otras, mediante la introducción de especies exóticas , que pueden dar al traste con la importancia de la lámina de agua continental.

    En ocasiones, su empleo para técnicas industriales como la acuicultura , en concreto de especies nocivas, caso del camarón en los manglares. Si a estas actividades le añadimos el uso industrial, la contaminación, la mala planificación del territorio tendríamos un cuadro bastante acertado para entender su problemática actual. Por último debe considerarse también el impacto que las infraestructuras tienen en los humedales. En concreto, carreteras, autovías, embalses, canalizaciones, etcétera. En definitiva, se estima que en poco más de un siglo, la pérdida de superficie ocupada por los humedales supone la mitad de los que había entonces.

       

Conservación.   

    El primer aldabonazo para la conservación de los humedales se dio a instancias de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza , institucionalizándose la conservación con la creación de un listado de humedales protegidos, los cuales forman parte del denominado Convenio de Ramsar, por la ciudad iraní donde se firmo en el año 1971. De los 18 países firmantes en aquel año se ha pasado a los 159. En la actualidad los humedales protegidos superan los mil ochocientos, (1831) con algo más de sesenta españoles (63); y más de 181.10 6 hectáreas de superficie inundadas. En España 281.768 hectáreas entre las que destacan parques nacionales como Doñana y Tablas de Daimiel y lagunas como Villafáfila, y Gallocanta.

    La conservación de los humedales pasa tanto por los planes específicos dedicados a las zonas húmedas, como a la gestión integral del agua dentro de una ordenación del territorio que vaya más allá de sus límites geográficos del propio humedal, dentro de la gestión del agua a escala de cuenca hidrográfica. Haciendo especial hincapié en la dinámica del humedal y en la composición cualificada de sus aguas.